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El pecado y la noche   By: (1885-1940)

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EL PECADO Y LA NOCHE

ANTONIO DE HOYOS Y VINENT

[imagen]

MADRID RENACIMIENTO SOCIEDAD ANONIMA EDITORIAL PONTEJOS, 3 1913

Es propiedad. Queda hecho el depósito que marca la ley.

Imp. José F. Zabala. Valverde, 40, Madrid.

INDICE

Las Ciudades Sumergidas

La Noche del Walpungis

Hermafrodita

FICHAS ANTROPOMETRICAS

El Hombre de la Música Extraña

Una Hora de Amor

La Santa

La Caja de Pandora

Los Cómplices

La Domadora

EL DEMONIO

Embrujamiento

Las Preciosas Ridículas

Madame d'Opporidol

Miss Decency

Ninón

La Noche. ¿Peligroso? Yo misma no sé cómo me las compondría si alguna de estas puertas de bronce se abriesen sobre el abismo... Hay aquí, todo alrededor de esta sala, dentro de cada una de esas cavernas de basalto, todos los males, todas las enfermedades, todos los horrores y todas las catástrofes que afligen a la humanidad desde el comienzo del mundo. ¡Bastante trabajo me ha costado encerrarles con ayuda del Destino, y no sin trabajo mantengo el orden entre todos esos indisciplinados personajes!... Ya se ve lo que sucede cuando alguno logra escapar y se presenta sobre la faz de la Tierra.

MAURICIO MÆTERLINCK

LAS CIUDADES SUMERGIDAS

Agua, fuego, lodo. Quiméricas nubes de maravilla que dormís sepultadas por una venganza de la Naturaleza; ciudades en que florecieron los siete pecados, en que las manos bíblicas trazaron sus misteriosos conjuros y las voces de los Profetas fulminaron anatemas; ciudades de pecado y de abominación en que las cortesanas bailaron desnudas en los templos y las reinas se prostituyeron a los mercenarios; ciudades de leyenda en que reinó la Lujuria, en que los apóstoles fueron lapidados y la hija del Rey de Is evocó al Demonio. Los hombres os han hecho salir a la superficie, han arrancado la lava que el cielo escupió sobre vosotras, y cínicas, desnudas en vuestra liviandad, vais surgiendo en los lúbricos frescos de vuestros lupanares y en los libertinos mosaicos de vuestros baños patricios. Algunas veces, en las estancias recatadas de una habitación, surge una momia en un espasmo de lubricidad grotesca.

Y su gesto es el mismo gesto de siempre.

Y el Demonio ha vuelto a reinar sobre la Tierra.

LA NOCHE DEL WALPURGIS

I

¿Will we go in?

As you like.

Se miraron burlones y echáronse a reír. En los ojos de ambos brillaba el mismo deseo, la misma perversa curiosidad de seguir la aventura equívoca hasta el fin. Pese a los disfraces innobles que les sirvieran para, en las propicias promiscuidades del Carnaval, embarcarse con rumbo a aquella Citerea canalla, los dos tenían una elegancia frívola, alada y aristocrática de personajes de la Comedia Italiana.

Bajo el blanco atavío de Pierrot (un Pierrot de percal, sórdido y sucio), conservaba Jimmi la nobleza de su figura vagamente andrógina, pero no afeminada, si no más bien pueril, resuelta y petulante, con una gracia de héroe niño o de arcángel insexuado. Eso era, un arcángel. El rostro correcto, voluntarioso; la boca pálida y sonrosada; los ojos azules, cándidos, luminosos, y los largos y lacios cabellos de oro que escapaban del gorro de punto negro, dábanle extraña semejanza con esos vagos ensueños del hermafroditismo cristiano. Revestido de larga túnica transparente y un nimbo de oro en torno a la cabeza, pequeña y bien moldeada, o pertrechado de argentada coraza, casco incrustado de pedrerías, flamígera espada entre las manos y grandes alas blancas, hubiese servido a un Sandro Botticelli o a un Filippo Lippi para uno de los ambiguos personajes que se yerguen sobre sus cándidos paisajes, un Gabriel amenazador o un vengador San Miguel.

Frente a él, Nieves Sigüenza, más actual, más perversa, más complicada, tenía un encanto ultramoderno, acre y voluptuoso de flor del mal, el inquietante encanto de esos iconos que asomando entre las vestiduras de oro muestran el rostro de marfil bajo su cabellera de negro jade. Era el suyo de una blancura de hostia, absoluta, cegadora, sin matices ni claroscuros, sólo interrumpida por la sangrienta sonrisa de los labios, rojos como cerezas, gruesos, golosos, sensuales... Continue reading book >>




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